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La importancia de promover la autonomía y el autocuidado de niños y adolescentes con diabetes tipo 1

Con la participación del Departamento de Enfermedades Crónicas y No Transmisibles, niños, adolescentes y padres compartieron talleres y experiencias orientadas al autocuidado. La doctora Cristina Du Plessis destacó que el conocimiento de la enfermedad es fundamental para alcanzar una mayor autonomía y mejorar la calidad de vida.

El Departamento de Enfermedades Crónicas y No Transmisibles del Ministerio de Salud Pública a cargo de la doctora Cristina Du Plessis, participó de una nueva edición del campamento organizado por la ONG N.A.Dia en Tafí Viejo. La iniciativa cuenta desde sus inicios con el respaldo de la cartera sanitaria, conducida por el doctor Luis Medina Ruiz, y busca fortalecer la autonomía de los pacientes a través del conocimiento y el intercambio de experiencias. La misma reunió a niños, adolescentes y familias de distintas provincias para compartir experiencias, adquirir herramientas de autocuidado y promover una vida plena con diabetes.

La doctora Cristina Du Plessis explicó que la educación diabetológica constituye uno de los pilares fundamentales del tratamiento, ya que permite que las personas con diabetes y sus familias adquieran los conocimientos necesarios para afrontar las situaciones cotidianas con mayor seguridad y confianza.

“Desde el inicio, el Ministerio de Salud de la Provincia ha acompañado esta iniciativa, entendiendo que la educación diabetológica es la piedra fundamental para que la persona y su familia adquieran todos los conocimientos del autocuidado. Esto favorece un adecuado control de la glucemia y permite afrontar situaciones de la vida diaria, como participar de un campamento, sin temor y con la tranquilidad de saber cómo actuar”, expresó.

La especialista detalló que el encuentro contempla dos espacios de formación diferenciados: uno destinado a niños y adolescentes, quienes participan de talleres adaptados a sus edades, y otro dirigido a padres y familiares, donde además de recibir información sobre el tratamiento, pueden compartir vivencias, inquietudes y emociones relacionadas con el diagnóstico.

“Los padres intercambian experiencias sobre los sentimientos que surgieron a partir del diagnóstico y cómo fueron aceptando esta condición. La diabetes implica tomar decisiones diariamente, planificar la alimentación, realizar controles de glucemia y conocer cómo administrar la insulina. Por eso, al principio, el niño y su familia forman un equipo hasta que progresivamente adquiere los conocimientos que le permiten desarrollar su independencia”, explicó Du Plessis.

En este sentido, destacó que estos espacios educativos resultan fundamentales para que los niños y adolescentes puedan desenvolverse con autonomía, mientras sus familias fortalecen la confianza y encuentran acompañamiento en otras personas que atraviesan experiencias similares.

Historias de vida que reflejan el valor de la educación

Uno de los testimonios más significativos fue el de Guillermo de Fontenelle, participante que vino de Bariloche, quien convive con diabetes desde hace 39 años y compartió su experiencia como paciente y padre de dos hijas que también fueron diagnosticadas durante la infancia.

Guillermo recordó que conocer a Nidia Farhat y participar de las actividades de educación diabetológica marcó un antes y un después en su vida, permitiéndole adquirir herramientas para mantener su salud y acompañar a sus hijas durante su crecimiento.

“Hace 39 años que tengo diabetes y tuve la suerte de conocer a Nidia. Gracias a la educación diabetológica pude llegar bien a casi los 70 años. Mis dos hijas también tienen diabetes y pudieron desarrollar sus vidas, estudiar, trabajar y formar sus propios proyectos”, relató.

Con una mirada optimista, destacó que recibir información adecuada y aprender a tomar decisiones permite que las personas con diabetes desarrollen sus actividades y proyectos personales.

“Siempre digo que no tenemos nada prohibido, que lo importante es evitar las glucemias altas. Podemos hacer lo que queramos siempre que sepamos cómo hacerlo. Hay que aprender mucho, educarse y así podemos tener una vida totalmente plena”, expresó.

Por su parte, María Josefina Abregú, mamá de Christian, un adolescente tucumano de 14 años diagnosticado con diabetes tipo 1 cuando tenía apenas dos, compartió cómo los campamentos transformaron la manera en que su familia afrontó la enfermedad.

“Es un camino largo, un proceso de aprendizaje permanente. Como padres tenemos muchos miedos, dudas e incertidumbres, pero cuando llegamos al campamento fue un antes y un después. Nos ayudó a perder esos temores y a comprender que nuestros hijos pueden tener una vida plena y saludable”, manifestó.

María Josefina recordó especialmente los avances que logró su hijo gracias a los conocimientos adquiridos durante estas experiencias educativas. “Mi hijo aprendió en el campamento a controlarse solo y a administrarse la insulina. Hoy tiene 14 años, utiliza una bomba de insulina y lleva una vida normal. Acá también entendimos que hay otros chicos con la misma condición y que nosotros, como padres, no estamos solos. Hay mucho acompañamiento y contención”, destacó emocionada.

Asimismo, valoró la posibilidad de acceder a información actualizada sobre los avances tecnológicos relacionados con el tratamiento y manifestó su esperanza de que estas herramientas continúen mejorando la calidad de vida de los pacientes.

Finalmente, remarcó que la educación terapéutica constituye una herramienta esencial para complementar el tratamiento médico, favorecer el autocuidado y fortalecer la participación activa de las familias.

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