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La pediatría, una especialidad clave para cuidar la salud de los niños y acompañar a sus familias

La atención pediátrica abarca mucho más que el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades: implica acompañar cada etapa del crecimiento, contener emocionalmente al entorno familiar y responder a situaciones de distinta complejidad.

La pediatría cumple un papel esencial en la salud pública, no solo por la atención de enfermedades durante la infancia y la adolescencia, sino también por su tarea de prevención, seguimiento y acompañamiento de las familias. Se trata de una especialidad que requiere conocimientos médicos, capacidad de respuesta y una profunda sensibilidad humana, especialmente en los servicios de emergencia, donde cada intervención puede resultar decisiva.

En este contexto, la doctora Verónica Pérez Ordóñez, jefa del Servicio de Emergencias del Hospital del Niño Jesús, destacó la importancia del vínculo que los pediatras construyen con sus pacientes desde el nacimiento y durante las distintas etapas de su desarrollo.

“El pediatra no solo cuida la salud de los más pequeños, sino que acompaña a toda la familia en las etapas clave de los niños: desde el recién nacido, el lactante, el preescolar y el escolar, hasta los adolescentes. Muchas veces termina siendo como el médico de familia, porque también brinda acompañamiento emocional y psicológico a todo el grupo familiar”, explicó.

La profesional señaló que esta relación de confianza constituye una de las características distintivas de la especialidad. El pediatra se convierte en una referencia para madres, padres y cuidadores, que recurren a él ante dudas, inquietudes o situaciones que requieren orientación y atención médica.

La atención pediátrica, particularmente en el ámbito de las emergencias, experimentó importantes avances en los últimos años. Según Pérez Ordóñez, la incorporación de nuevas capacidades de respuesta permite abordar situaciones de mayor gravedad dentro del propio servicio.

“Antes teníamos una emergencia donde no contábamos con el espacio ni con las posibilidades para ventilar o intubar a un paciente. Hoy podemos recibir niños en estado crítico, asistirlos, intubarlos y estabilizarlos para luego trasladarlos a un servicio de mayor complejidad, como terapia intensiva”, detalló.

Este crecimiento en la capacidad de atención resulta fundamental para brindar una respuesta oportuna ante cuadros críticos, en los que la rapidez de actuación y la preparación de los equipos de salud son determinantes.

En el Hospital del Niño se atienden pacientes con distintos niveles de complejidad, desde consultas por cuadros leves hasta situaciones graves y patologías crónicas. En cada caso, la atención contempla no solo las necesidades del niño, sino también las de su entorno afectivo.

“Nosotros decimos siempre que tenemos dos pacientes: la mamá y el niño. Muchas veces está involucrada toda la familia, porque acompañar también significa contener y estar presentes en los momentos más difíciles”, expresó la directora de Emergencias.

El trabajo en una emergencia pediátrica implica afrontar situaciones de gran exigencia física y emocional. La posibilidad de recibir a un niño en estado crítico o de atravesar la pérdida de un paciente afecta profundamente a los profesionales, incluso después de muchos años de experiencia.

“Nos afecta de la misma manera, a pesar de los años que hayan pasado. Cuando esto ocurre, necesitamos detenernos unos minutos, tranquilizarnos y repasar lo que hicimos para poder procesar lo ocurrido y continuar con nuestra tarea”, relató Pérez Ordóñez.

En este sentido, destacó la importancia del acompañamiento psicológico y de los espacios de reflexión entre los integrantes del equipo, herramientas que permiten elaborar las situaciones difíciles y fortalecer el trabajo cotidiano.

La profesional también remarcó que la empatía es indispensable para brindar una atención integral, especialmente cuando las familias atraviesan momentos de angustia e incertidumbre. “La pediatría nos roba el corazón constantemente, cuando llega un niño que necesita atención, uno no puede negársela. Frente a una madre que sufre porque su hijo está enfermo, la empatía es lo más importante que tenemos los pediatras”, sostuvo.

En el marco del Día Nacional de la Pediatría, conmemorado el 20 de octubre, el testimonio de la doctora Pérez Ordóñez invita a reconocer el valor de una especialidad que combina conocimiento científico, actualización permanente y vocación de servicio. Una tarea indispensable para proteger la salud de las infancias y acompañar a las familias, tanto en los controles habituales como en los momentos más complejos.