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El voluntariado hospitalario acompaña, humaniza y transforma la experiencia de quienes atraviesan una enfermedad

Cada 4 de octubre se conmemora en Argentina el Día del Voluntariado Hospitalario, una fecha que reconoce la dedicación de quienes ofrecen su tiempo de manera desinteresada para acompañar a personas enfermas, sus familias y a las instituciones de salud. En Tucumán, esta labor constituye una expresión concreta de solidaridad que se suma al trabajo cotidiano de los equipos sanitarios.

En el marco de las políticas que lleva adelante el Ministerio de Salud Pública, a cargo del doctor Luis Medina Ruiz, el acompañamiento integral de las personas constituye una dimensión fundamental de la atención. En ese contexto, la tarea de quienes realizan voluntariado hospitalario adquiere un valor particular, al aportar escucha, compañía, contención y espacios que contribuyen al bienestar emocional y espiritual de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

La fecha fue instituida en honor a San Francisco de Asís, reconocido como patrono del voluntariado hospitalario. Su figura representa valores como la humildad, el desapego de lo material y el amor hacia los demás, principios que encuentran en estas acciones solidarias una expresión cotidiana.

La presidente de la Fundación Payaterapeuta, licenciada Alejandra Acosta, destacó el sentido profundo de esta tarea y explicó que el voluntariado hospitalario constituye un recurso humano que puede contribuir en diferentes dimensiones de la vida de las personas. “Es un recurso humano estratégico para todas las organizaciones y comunidades porque realizamos actividades solidarias teniendo en cuenta todas las dimensiones de la persona humana”, señaló.

En ese sentido, explicó que existen distintas formas de voluntariado y que, en el ámbito hospitalario, la misión central consiste en acompañar y colaborar con quienes atraviesan una enfermedad o situación de vulnerabilidad. “La actividad principal que nosotros tenemos es acompañar, colaborar y humanizar todos los lugares donde hay personas enfermas, vulnerables, que están sufriendo”, expresó.

Acosta sostuvo que uno de los aportes más valiosos de quienes realizan esta tarea es el tiempo que brindan de manera gratuita. “Llevamos compasión, alegría espiritual, esperanza y amor, y damos lo más valioso que tenemos, nuestro tiempo, sin recibir nada a cambio”, afirmó.

Una tarea que requiere preparación

El voluntariado hospitalario no se limita a una acción espontánea de solidaridad. Con el paso de los años, la actividad incorporó criterios de selección, organización y formación específica para garantizar que quienes desarrollan estas funciones puedan hacerlo de manera responsable y articulada con las instituciones y los equipos de salud. “Es importante que la organización que los nuclea tenga formación específica en ese acompañamiento y en esa colaboración que hacemos y brindamos al enfermo”, explicó Acosta.

La referente contó que forma parte de dos espacios de voluntariado hospitalario. Uno de ellos es la Fundación Payaterapeuta, una organización tucumana sin fines de lucro que trabaja a través del humor, el arte y el acompañamiento para contribuir al bienestar de las personas que atraviesan situaciones de enfermedad.

Para desempeñarse como payaterapeuta, explicó, es necesaria una preparación que contempla herramientas vinculadas tanto con el arte como con la salud. De esta manera, la intervención busca acompañar especialmente las dimensiones emocionales y espirituales de las personas, en articulación con los demás integrantes de los equipos sanitarios. “Tenemos que formarnos desde lo artístico y desde la salud para poder llevar alegría espiritual, esperanza y acompañamiento sobre todas las dimensiones emocionales y espirituales de las personas”, sostuvo.

Acompañar más allá de la enfermedad

Acosta también participa de la Pastoral de la Salud, donde desarrolla tareas vinculadas con el acompañamiento espiritual, la escucha y la contención de personas que atraviesan situaciones de dolor, duelo o vulnerabilidad emocional.

A través de la Pastoral Arquidiocesana de la Salud y en articulación con el Arzobispado de Tucumán, estos espacios buscan brindar acompañamiento a quienes se encuentran en instituciones sanitarias, respetando las distintas necesidades y dimensiones de cada persona.

La experiencia demuestra que el cuidado no se agota en una práctica médica. Escuchar, acompañar, generar un momento de alivio, brindar esperanza o simplemente estar presente también puede convertirse en una forma de ayudar a transitar una situación difícil.

En esta fecha, el Ministerio de Salud Pública reconoce a quienes, desde el compromiso solidario y la vocación de servicio, destinan parte de su tiempo a acompañar a otros. Una tarea que, en consonancia con las políticas sanitarias promovidas por el gobernador Osvaldo Jaldo y el ministro Luis Medina Ruiz, aporta una mirada integral y profundamente humana al cuidado de la salud.